Un día normal
La situación es bastante cómica. Estaba ayer en la biblioteca de mi facultad, resulta que estaban haciendo obras, así que había ruido, algo no muy recomendable a la hora de estudiar, pero en fin, cuando uno se acostumbra…
Al rato suena un teléfono móvil, la señora (de unos 40) sin ningún tipo de prisa lo rebusca por el bolso y como el que no quiere la cosa lo responde sin tan siquiera moverse del sitio. Poco después pasa la encargada de la fotocopiadora y como ve a una amiga suya pues se para a hablar con ella, eso sí, haciendo gala del derecho que tienen todos los trabajadores de la universidad de hablar como les salga de las narices, esto es: gritando.
Luego una chica entra a la sala de fotocopiadoras (conectada con la biblioteca) y con la puerta entre abierta le cuenta a la citada encargada (y a nosotros, ya de paso) los motivos que tiene para irse a Madrid este fin de semana durante al menos 15 minutos, una vez que termina las fotocopias se va, cruza la biblioteca respetando el silencio y la abandona.
Por suerte (a causa de las reformas) no se podían sacar libros en préstamo, lo ultimo que me faltaba ayer era tener que aguantar la apatía y la mala cara de algunas de las bibliotecarias que más bien parecen cajeras del día (al menos se comportan como tales).
También por suerte ayer no tuve clase, porque dime tú, si después de todo esto, me habría apetecido a mi dar clase en un aulario destartalado y dejado de la mano de dios.
En fin, a ver si llega ya Bolonia y mejora todo
.
La inspiración vigorosa y salvaje, el genio amargo y locamente exaltado de Goya, le cautivaban; pero el reconocimiento y la fama universal que habían conquistado sus obras hacían que se mantuviera un poco distanciado de él, habiendo renunciado desde hacía años a enmarcar sus grabados, por miedo a que, si los ponía en un lugar visible, el primer imbecil que los viera se sintiera obligado a soltar todas las estupideces que había oído repetir a otros y a quedarse extasiado contempládolos de una manera convencional, hueca y aprendida.
Joris-Karl Huysmans, A contrapelo (À Rebours)



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